sábado, 25 de mayo de 2013

CAPITULO 4


―Adelante― Dijo con voz cansada
Paula entro por la puerta y no pudo evitar pasar los ojos por toda la recamara de su esposo. Realmente era hermosa era dos o más veces más grande que la suya, era más que obvio que a Pedro le gustaba tener espacio para caminar.
― Oh… veo que has venido― Dijo el incorporándose― Dime cuáles son tus razones para no ir al viaje conmigo
Respiré profundamente
― Ninguna, he cambiado de parecer, si iré contigo― Había decidido seguir el consejo de Dora
Pedro estaba totalmente sorprendido, jamás pensó que ella cedería tan fácilmente.
― ¿Por qué? ― Quiso saber el
― Te molesta el hecho de que no quiera ir… y si cambio de opinión… también te molesta. Realmente no te entiendo, Pedro.
El soltó una carcajada
― El vuelo sale a las 7:00… por lo que ya te imaginaras a qué hora debes levantarte. No necesitas hacer maletas… solo tu presencia
― ¿Será un viaje de ida y vuelta?― Pregunté con entusiasmo
― No, de hecho permaneceremos haya durante dos semanas― Puso sus brazos detrás de la nuca y se recargo en la cabecera de la cama
― Dos semanas… es mucho tiempo como para no llevar maletas.
― Te comprare ropa y todo lo que quieras en Hawái… el clima es impredecible, por eso.
― De acuerdo, bueno me retiro―
― No tan rápido― Dijo Pedro dando una palmada en la cama.
Me quedé paralizada, di media vuelta para quedar de frente a el

― Hoy es nuestro primer día como casados y me gustaría que… me acompañes un momento.
Sentí como la sangre se me acumulaba en mis mejillas.

Pedro no tenía ninguna mala intención, como las que ella estaba pensando… el solo quería divertirse un rato haciéndola sonrojarse.
― Así que ven a ver televisión un rato― Dijo el riendo debido a mi expresión facial.
Me relajé y deje caer los hombros. Camine hasta la cama y me senté en la orilla.
― ¿Qué te apetece ver? ― Preguntó mientras día la televisión
― Lo que tú quieras está bien―
― ¿Estás segura de ello? ― Preguntó el con tono sensual
Ella pudo sentir como sus pies comenzaban a temblar, no había duda alguna estaba nerviosa y asustada. Se puso de pie y observo la cara de diversión que Pedro tenia.
― Solo bromeo… es divertido burlarse de los débiles… como tu― Dijo él mientras cambiaba de canal― No pienso obligarte a nada… tu sabes a lo que me refiero
Me sentí terrible
― Ahora toma asiento y dime qué quieres ver―
― Me gustaría una película― Dije al fin
― Bueno, entonces abre ese estante― Lo señaló― Tengo alrededor de 200 títulos para escoger
Cuando abrí el estante me di cuenta de que Pedro no exagero cuando dijo que tenía alrededor de 200 títulos… pues posiblemente tenía 300.
Elegí 50 First dates
― Buena elección, Adam Sandler es un maravilloso actor― Dijo Pedro mientras introducía la película en el reproductor. ― Al menos tenemos gustos parecidos en películas―

No negaré que cuando la película comenzó, me sentía incomoda pero conforme los minutos pasaban tomé confianza y hasta me recosté en la cama. Pedro no paraba de reír… su risa era cálida y graciosa, en ocasiones me provocaba más risa la manera en que el reía que la película. Pero cuando faltaba poco para que terminara, no escuche más a Pedro, supuse que había dejado de prestar atención a la película y ocupado su atención en algo más, como el viaje del día siguiente.
La película termino, me puse de pie y miré a Pedro… para mi sorpresa, el se encontraba dormido. Su rostro lucia tan diferente… tan tranquilo, sus parpados descansaban y pude notar que su boca era pequeña y bien definida.

Fui a mi habitación, a pesar de que él me había dicho que no hiciera maletas, decidí hacer una… pues no quería que el gastara dinero en mi. Cuando acabe de organizar todo para el viaje, fui hasta su habitación y note que aun dormía… solo que había girado su cuerpo hacia el lado izquierdo. Se vía tan apacible… parecía un niño pequeño.
Abrí el ropero y me encontré con una gran cantidad de ropa, desde trajes sastres hasta unos jeans demasiado casuales. Pensaba que solo las mujeres acostumbraban tener toneladas de ropa, pero al parecer estaba equivocada.
Tome solo ropa cómoda, dos pares de calzado, unos tenis y unos zapatos. Abrí un cajón y encontré sus calcetines, decidí tomar 5 pares… luego abrí el otro cajón y me encontré con sus bóxers…solté una risita y al mismo tiempo sentí como me sonrojaba. De ellos solo tome un puño y salí de la habitación. Ya en mi habitación me puse a doblar las prendas para que cupieran en la maleta que quedaba vacía. Había llegado a casa con dos maletas grandes, que Pedro me había reglado días antes. < Para que lleves a casa algo de tu ropa> Me había dicho.

Tarde media hora en organizar su maleta, pero cuando al fin acabe mire el reloj y eran las 9:00 de la noche… el llevaba dormido aproximadamente 2 horas. Fui a la habitación para ver si había despertado… pero no era así. Toqué su frente para asegurarme de que no estuviera enfermo o algo así, pero él se encontraba en perfecto estado.
Le quite los zapatos y desabroche el primer botón de su camisa… aun llevaba puesta la misma de la boda. Tome una cobija del ropero y lo tape. Como pude acomode su almohada, la cual ya estaba casi en el suelo. El comenzó a moverse y entreabrió sus ojos.
― Tranquilo, descansa― Le dije mientras daba unas palmaditas en su hombro.
De inmediato el cerro sus ojos, estaba bastante cansado.
Apague las luces y baje a la sala, ahí se encontraba Dora viendo la televisión.

― Hola Dora― Dije sentándome a su lado
― Paula, no te había visto en un buen rato―
― Estaba haciendo las maletas… y antes de eso pase un rato con Pedro, viendo una película― Le sonreí.
― ¿Y dónde está el? ―
― Se ha quedado dormido… ya lo eh acobijado ―
― Que buena eres, la noche está fresca, si no lo hubieras hecho el pobre hubiera pasado frio―
― Si― Solté una risa― Iré por una manzana y después me iré a dormir, mañana saldremos muy temprano de aquí.
― Me imagino, será mejor que Pedro haya puesto su alarma, si no, no se levantara―
― Yo pondré la mía, por si acaso― Le sonreí― Bueno hasta mañana Dora―
― Que descanses― Dijo ella con una sonrisa.
Fui a la cocina por una manzana, luego subí a mi habitación y después de tomar una ducha me entregue a los brazos de Morfeo, aun cuando apenas eran las 9:45 de la noche.

Pedro despertó a las 5 de la mañana, había tenido un sueño demasiado placentero, cuando se dio cuenta de que aun llevaba la ropa del día anterior tallo sus ojos mientras trataba de recordar porque. Ni siquiera recordaba haber tomado una cobija, mucho menos quitado se los zapatos. Y fue entonces cuando recordó la imagen nublosa de Paula, cuando le acomodaba las almohadas.

― Al menos tuvo compasión de mi― Dijo levantándose de la cama mientras caminada derecho al baño.
Una vez que estuvo listo, salió de su habitación con celular en mano y fue a la de Paula. Abrió la puerta con sumo cuidado pero solo se encontró con una cama tendida y vacía; supuso que estaría abajo, así que con paso rápido fue escaleras abajo y se encontró con dos maletas al pie de la puerta.

Paula salió de la cocina con una leve sonrisa

― Te has levantado― Dije mirándolo― Y arreglado. ¿Has dormido bien?
― Te ordene que no hicieras maletas― Me reprochó el
Jamás pensé que le molestaría tanto, después de todo yo solo quería evitar que gastara dinero. Aunque en el fondo también lo había hecho con la intención de que se molestara por el hecho de desobedecer sus órdenes.
― Lo lamento, yo…
― No― Dijo el acercándose a mi― Discúlpame tu a mí. Esos no son los modales que me inculco mi familia. Sí, he dormido bien… gracias por la cobija― Dijo con una media sonrisa.
― De nada― Asentí
― Dora, ¿jose puede llevarnos? ― Pregunto Pedro mientras agarraba una de las maletas
― Por supuesto, de hecho ya esta esperándolos en el coche.
― Bien― Pedro tomó la otra maleta
― Déjame ayudarte― Corrí hacia el
― No― Negó con la cabeza― ¿Pero por qué dos maletas?
― Una es tuya… espero que no te moleste el hecho de que haya inspeccionado tu ropero― Mis mejillas se tiñeron de rojo.
― En lo absoluto, gracias…ahora vámonos― Giró hacia Dora― Nos vemos en dos semanas, Dora
― ¡Que tengan un buen viaje! ― Dijo agitando su mano
― Gracias― Le sonreí.

No acostumbraba mucho a viajar en avión, siendo honesta solo lo había hecho dos o tres veces. Pero esta vez fue la peor de todas. Para empezar, era demasiado temprano y a pesar de que no tenía sueño, cerraba mis ojos a manera de relajación. Pedro no cruzó palabra conmigo, salvo cuando me pregunto si deseaba algo de beber o comer.
El viaje fue largo, pero al fin bajamos del avión
― ¿En qué hotel nos quedaremos? ― Pregunte mientras trataba de seguir el paso de Pedro
― En ninguno. Nos quedaremos en mi casa.




2 comentarios:

  1. muy buenos los capítulos,seguí subiendo!!!

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  2. Hola hola holaaaaaaa! Aunque vos no me pases tu nove, quiero avisarte que la voy a leer igual y te re cabe (?) jajaja Me copo la idea y estaria necesitando que subas mas! pero no quiero que abandones la otra :( ! Quiero qe subaaaaas!

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